Como en casi todas las películas de Michael Haneke, la realidad y la construcción de la realidad en imágenes siempre aparecen en dos polos. El constante cuestionamiento de las imágenes cinematográficas, publicitarias, periodísticas y televisivas es una de sus marcas, y es en Benny’s Video (1992) donde vemos esto desarrollado de la forma más directa. La película es ficción: Benny es el hijo único de una familia alemana acomodada, va a la escuela, y tiene una habitación repleta de televisores y dispositivos de video comprados por sus padres. La primera pregunta que deberíamos plantearnos es la siguiente. Si Benny mata a la chica con la pistola para matar cerdos, ¿es por algún tipo de trauma psicológico? ¿Es por mirar películas violentas? ¿Es por haber filmado cómo matan a un cerdo? Ninguna de las tres es la respuesta, porque para Haneke la violencia es otra cosa, todo lo demás son sólo imágenes. Esto queda muy bien planteado en la escena de la posterior Funny Games (1997), cuando los asesinos (uno de ellos interpretado por el mismo Arno Frisch de Benny) se burlan de las víctimas mientras inventan las desgracias de la infancia de uno de ellos, para dar una falsa explicación de por qué hacen lo que hacen.
Lo interesante es que Benny es un personaje que se encuentra en una posición privilegiada en la película. El es un consumidor de imágenes que llega a una instancia en la que cree entender su construcción. Se empieza a preguntar cómo se hacen y reflexiona: ¿es lo mismo el cerdo muriendo en mi televisor que un cerdo muriendo de verdad? Y luego: ¿es lo mismo algo muriendo en mi televisor que algo muriendo frente a mí? Todos estos planteos nos llevan a la verdadera pregunta de la película: ¿son lo mismo las imágenes de la violencia que la violencia en sí? Y la respuesta es claramente negativa. La propuesta de Haneke sirve como una paliza a toda película de golpes bajos, porque su violencia es necesaria y es la que los espectadores nunca vemos, porque estamos acostumbrados a la abyección, es decir, a la reducción de la realidad llevada a cabo en una construcción imaginaria para que sea más tolerable y olvidable. Generar olvido y no memoria, haciendo referencia a lo dicho por Godard con respecto a la imagen televisiva.
Entonces Benny asesina por curiosidad, pero tiene conciencia de la misma y hace todo lo posible para analizar los resultados de su experimento. Graba el asesinato, y no se conforma con eso: filma al cadáver y filma a su propio cuerpo manchado de sangre. La experiencia que se perdió por haber cerrado los ojos en el funeral de su abuelo no hubiese sido nada. El cuerpo de su abuelo hubiera sido nada más que otra construcción institucional de la muerte, y eso a Benny no le sirve. A Haneke tampoco porque, en el fondo, Benny es Haneke. Porque es él quien mediante su película introduce al “elemento Benny” en la familia acomodada alemana. Introduce a la conciencia de la diferencia entre la imagen y la realidad, y el resultado será un golpe para ellos.
Los padres de Benny entran en crisis a partir de ver el asesinato grabado. En una entrevista Hanake confirma lo que vemos. La segunda vez que asistimos al asesinato es la más terrible, porque estamos lidiando al mismo tiempo con la visión de los padres de Benny. Es muy interesante que las dos veces se sostenga sólo por el sonido, cuya naturaleza es totalmente distinta a la de la imagen. El sonido es el mismo pero la imagen está manipulada de una forma que evidencie su forma, su montaje, su falsedad, porque a Haneke no le interesa la potencia visual de su asesinato ficcional. En contraposición, la potencia del sonido fuera de campo figura como un elemento más perturbador para el espectador y para todos.
La conversación nocturna entre los padres es una de las escenas mejor logradas de la película. Los personajes se encuentran en un momento en el que se derrumba toda la construcción imaginaria de su existencia. Nótese a la madre de Benny sacándose los aros de las orejas y apoyándolos sobre la mesa. Luego, cuando al genial actor Ulrich Mühe se le ocurre un plan (un plan descabellado para ocultar todos los hechos y no sacrificar su estatus social), la pareja parece entender que su construcción imaginaria burguesa de la vida tiene una posible re-construcción. La madre vuelve a tomar los aros porque es posible volver a construir una imagen falsa desde la realidad. Esto es clave y es una de las cosas que más le interesa a Haneke, quien dice que corremos el riesgo de pensar que los medios construyen a la realidad, cuando es exactamente al revés, y es la realidad la que construye a los medios.
Parte de todo este proceso es el viaje a Egipto de Benny con su madre. Durante todo ese tiempo es evidente que Benny sabe todo, como si representara a un visitante que asiste a todos estos procesos que su familia se ve forzada a vivir. Su actitud es la de una persona que entiende los problemas de los demás pero no quiere intervenir, y este es el lugar en el que Haneke desea poner al espectador. Lo obliga a ser Benny, porque como ya dije antes, es un lugar privilegiado, una especie de esperanza para ese vacío alienante.
Sin embargo, el experimento de Benny no terminó. Cuando vuelve de Egipto y la familia se restablece gracias a los frutos del hermoso olvido, Benny comprende que su deseo de ser una especie de actante de la realidad no se consumó, y es por eso que termina delatándolos. Ese final es excelente porque es el momento en el que Benny/Haneke marcan su verdadera presencia. El delatar de Benny es el denunciar de Haneke.
Lo único que nos queda por preguntarnos es ¿a cual de todos los videos de Benny se refiere el título? ¿Al del cerdo? ¿Al asesinato? ¿O a la conversación nocturna de los padres? Me gusta creer que al tercero.