Todo el mundo me decía que enfrentarme con Poppy, la protagonista de esta pelicula, iba a ser una de las cosas mas insoportables que me pueda imaginar. Me decían que Poppy era super-recontra-positiva en todos los aspectos de su vida, que estaba siempre de buen ánimo, que todo lo veía con una sonrisa…Es verdad, algo de eso hay en Poppy, pero lo relevante de todo esto es que, apenas comenze a ver “Happy-Go-Lucky”, mas que una sensación de querer pegarle a Poppy, lo que sentí fue pena por ella. Y creo que ahi radica la faceta mas interesante del film de Mike Leigh: mostrar el mecanismo de defensa de una persona que necesita caer bien para sentirse bien. Poppy lo único que desea es quedar bien con todos, estar bien con todos. Pero detrás de todo ese positivismo ferviente, lo único que se esconde es una persona demasiado triste, absolutamente perdedora, sedienta de que le pasen cosas interesantes en su vida tremendamente monotóna. Porque revisemos la agenda de Poppy, a traves de lo que nos muestra Leigh, y nos vamos a dar cuenta de que estamos ante una de las personas mas tristes del planeta tierra: profesora de primaria de lunes a viernes, eventuales clases de flamenco, de vez en cuando saltar en una colchoneta y terminar la semana con todo saliendo toda la noche, para terminar alcholizada en su casa. Y empezar todo de nuevo. O sea, es evidente que Poppy necesita ver las cosas de un color rosa todo el tiempo, porque sino se derrumba enseguida.
Y parte de eso hay cuando Poppy se enfrenta con su antagonista por excelencia, que es ese conductor de autos completamente frustrado, derrotadisimo y hasta un poquito facista. Los enfrentamientos entre los dos personajes son lo mejor de la pelicula. Y, de hecho, “Happy-Go-Lucky” es una pelicula que se sostiene unicamente por los rasgos perfectamente construidos de sus personajes. Leigh los delinea de una manera precisa, justa, donde cada acción esta totalmente jusificada por sus comportamientos. Guionisticamente, se trata de una obra casi perfecta; el tema es que narrativamente termina cansando un poco. De tanto Poppy, de tanto ir y venir con su conductor, la pelicula termina transformándose en una espeice de espiral maléfico, que pone a prueba al espectador, para ver hasta donde es capaz de aguantar. Y esto es una perspectica completamente personal, porque estoy seguro que hay mucha gente a la que Poppy les resulta una persona simpátiquisima. Ojo, no es que Poppy sea inaguantable (de hecho, me termino cayendo bastante bien..), simplemente es que muchos de nosotros, entre los que me cuento, somos mas parecidos a ese conductor que mira la felicidad casi de reojo, como algo lejano, dificil de alcanzar. Pero Poppy es un poco asi. Ella sabe que la felicidad es algo que no viene muy seguido, y por eso utiliza esa coraza, ese mecanismo de defensa color esperanza para todo. Ella tiene los brazos abiertos. La espera. La feliidad nunca parece llegarle, y sin embargo, ahi esta. Sonriendo a cada golpe. El conductor ya se rindió por completo. Ella, por suerte, se entrena bailando todas las semanas y transformando la tristeza en altos saltos en una cama elástica movediza, juguetona, de manipulación escasa. Como algo que empieza con V y termina con A.