Quizas una de las peliculas fundaciones de lo que luego seria todo un subgénero cinematográfico, la road movie, la ópera prima de Wim Wenders es puro hallazago, pura emocion a 24 cuadros por segundo.
Invitación al viaje desde el inicio mismo de la pelicula, “Alice In The Cities” es el recorrido de un hombre y una niña, dos personalidades por lo visto para nada compatibles entre si, pero que las rutas, los viajes, los trenes, los aeropuertos y las caminatas terminarar por unir de una manera impensada, tremendamente emocional.
Es una pelicula de soledades, de el hombre moderno frente a la deseperación de vivir en medio de una urbe axfisiante; es, tambien, una pelicula de reconocimiento, de búsqueda, de diario intimo personal. Son como todas esas fotos que saca el personaje principal, como esas polaroids que se van guardando en la memoria de la experiencia.
Justamente esa misma idea de las polaroids es lo que utiliza Wenders como disparador principal de su pelicula/viaje: un retrato de paisajes a veces desolados, a veces demasiado poblados que se quedan en la mente como marcados a fuego y que dicen, como toda la pelicula en si, como sus dos personajes que aprenden uno del otro, que las cosas (la vida, la muerte y miles mas) se hacen al andar.