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Reviews of Anchorman: The Legend of Ron Burgundy

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Lucas Granero

12Dec09

La idea constructora de la comedia producida por el dúo dinámico Will Ferrell / Adam McKay, tiene como motor principal la aparición abrupta del descontrol. Se trata de comedias que poco a poco se van desatando, descontracturando, para verse regidas unicamente por el poder anarquíco que las posee. En “Anchorman”, que tiene que ser la pelicula mas milagrosa que el dúo dió hasta el momento, ese nível de anarquía llega a altos grados de ebullición, casi volcánicos. Siempre se trata de hisotrias que tiene como centro a una figura exitosa, ya sea un basquetbolista, un corredor de autos o, como en este caso, de un reportero, a los que siempre vemos en la cima de la fama, gozando de cualquier tipo de excesos (y esta palabara nunca estuve mejor utilizada que en este caso). Lo que las peliculas de McKay vienen a mostrar es el conflicto que se genera cuando estos diversos personajes se dan cuenta de que su exito siempre es relativo, y que si alguna vez se estuvo en la cima, enseguida se puede estar en el piso nuevamente. Hasta aqui, todo suena a cualquier pelicula, a algo que se puede encontrar fácilmente en un millón de peliculas, pero la clave esta en que casi ninguna de esas peliculas están protagonizadas por esa bestia llamada Will Ferrell, que convierte a todo hilo narrativo en una simple excusa para el derroche divino de su genialidad. Pensadas absoluta y totalmente para el lucimiento extremo de su figura como gran comediante del universo, las peliculas de McKay serían otras (posiblemente buenas, porque es impoirtante que notemos que el lucimiento tambien es suyo), quizas sin ese altisimo grado de delirio, de confianza y destrucción, de comedia y rabia que aparece cada vez que Ferrell está en pantalla.

Estas peliculas son (y el plural es porque esta crítica no es solo de “Anchorman”, sino que se aplica a todas las peliculas del dúo en cuestión), al mismo tiempo, platos voladores que aterrizan en medio del panorama actual de la comedia norteamericana, alienigenas que se posan sobre la tierra y comienzan con su objetivo de invasión y destrucción, siempre en ese orden. Porque son mas extrañas que niguna otra, mas desaforadas que cualquier comedia de los 90’s, y su velocidad es alegria cinemática absoluta. Y esto es asi porque son peliculas libres. Parece no haber limites que las obstaculizen, o, lo que es mejor, cada vez que se encuentran con un obstaculo la alegria es todavia mas grande, porque a cada obstáculo hay una explosión mas, una necesidad casi inevitable de traspasarlo, de derrumbarlo, de ganarle. Cualquier escena de “Anchorman” me sirve para ejemplificar esto, pero me quedo con la que tal vez sea la mejor escena de comedia de la década: la pelea de los distintos equipos. Aqui se ve claramente cómo funciona el mecanismo Ferrell / McKay. Lo que comenzaba como una simple extensión de una situación que ya habiamos visto antes, una nueva batalla entre el equipo de Burgundy (Ferrell) y el de Mantooth, su archienemigo, se convierte en una especie de batalla medieval en la que tienen parte otros equipos que se ven sumando de a poco. La escena se transforma, entonces, en algo inesperado, en un milagroso quiebre de la verosimilutd (mala palabra en esta pelicula), de cualquier vestigio de realismo, o de cualquier cosa parecida, para dar lugar a una hermosa discontinuidad, una dilatación de la escena que va sumando sus detalles, uno mas increible que el otro, para terminar en un delirio tan impesado como maravilloso. Son estas escenas las que mas se ven en la pelicula. Son esos pequeños rasgos de descontrol que van apareciendo de a poco, contaminando todo el filme con una fragancia caotica que debe ser parecida a esa “Sex Panther” que una Brian Fantana para atraer a las mujeres y que, según una de ellas, “huele como la pija de Pie Grande”. Las escenas se extienden, se agrandan, se van para cualquier lado, pero nada de eso parece molestar. Es que asi es el juego. Ahi, en esa extensión del tiempo, donde la improvisación de las situaciones parece ser el único motor que las conduce, aparece la magia del dúo, las relgas de la no reglas.

Y no creo que haya otro panorama mas perfecto que éste para la comedia. Se siente una vitalidad casi inédita viendolas. Su velocidad, su utilización perfecta de las elipisis (los primeros minutos de “Talladega Nights” deberian ser mostrados en toda escuela de cine), del montaje como herramienta principal para el funcionamiento de los chistes, todos enumeraciones que casi ni viene al caso, pero que sirven para demostrar que esta gente se toma las cosas en serio solamente para destruirlas en menos de dos horas. Ademas, en casi todas esta Paul Rudd. No se qué mas les podemos pedir.

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