Sin llegar a las cuotas de maestría presentes en sus películas anteriores especialmente las películas que dirigió entre 1950 y 1970 esta película de Hitchcock es todavía una de esas obras por descubrir.
Desde el punto de vista formal podría parecer pobre en comparación con películas como Psycho o Vertigo, aquí Hitchcock ha abandonado la grandilocuencia de la cámara por un estilo de filmación más austero y sencillo (aunque la escena del camión de patatas es casi que una proeza de estilo y forma).
El punto fuerte sin embargo está en la historia, una historia que guarda algunas similitudes con películas anteriores de Hitchcock, aquí nuevamente el centro de la misma será la figura del hombre injustamente acusado de un crimen.
Y mucho más allá de la simplicidad de la historia está el humor negro con que es tratada la misma, incluso ante escenas de un horror gráfico no podemos evitar reírnos nerviosamente eso si. No porque nos parezca gracioso el crimen, sino porque el criminal es demasiado encantador como para no compadecernos de su tragedia.