Reviews of Gabriel Orozco
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Lefteris Becerra
15Mar10
la crisis del arte implica una distancia insalvable entre el gran pasado del arte y su presente, todo en minúsculas. encontrarle la belleza a lo minúsculo no es algo ajeno a orozco pero uno también siente nostalgia de aquellos personajes arrebatados de lucidez. escuchar a orozco hablar como cualquier mexicano de la capital, con sus excesos y reiteraciones vacías es un tanto decepcionante. la obra, no la persona… que trabaja y en su búsqueda da con hallazgos potentes, eso nadie puede dudarlo. uno quisiera no haberlo conocido tras conocerlo en su ordinario estilo. sin embargo algunos momentos brillan. cuando se enoja por las opiniones de dos chavas y estalla en rabia. o cuando explica su mirada sobre una instalación ocurrida en la playa y reescenificada en una galería alemana. o cuando en ese mismo segmento habla de cómo incorpora el ocio de otros en la confexión de sus piezas. o cuando un crítico platica que el padre de orozco fue asisitente de siqueiros y por tanto hay un nexo entre un mural sobre los electricistas y una de las mejores fotos de orozco de un charco con las huellas de agua en círculos como de una bicicleta que va y viene del charco… o aquel otro de orozco explicando que el méxico de 1999 es un desastre que podría dejar de existir y del que hay tantas ruinas que resulta imposible intentar reconstruir nada… tal vez lo mejor de su trabajo, además del citroen y las mesas de ping-pong y de billar, son las fotos. como la de un ny reconstruido con piedras y desechos, una imagen que es uns síntesis irónica y certera del paisaje urbano de aquella mítica capital del mundo. la trivialidad de orozco aburre pero su arte lo redime, aunque sea en minúsculas. si los italianos inventaron el “pensamiento débil” el arte de orozco parece eso, un “arte débil”. da gusto que sea reconocido en el extranjero aunque abre los ojos a un mundo “transnacional” del “arte”, que ejercen un vampirismo al que se acomodan con demasiada complacencia los artístas de hoy. no hay garra, o si la hay, y no tiene filo ni interés en desgarrar nada. pero cuando orozco se siente acosado y responde con furia, alcanza una consistencia mejor que la de la plática sazonada de groserías. por ejemplo, cuando se refiere a un comentario que escucha con cierta frecuencia, no falta quien afirme ante alguna de sus obras “eso lo pude haber hecho yo”, pero no lo hicieron, contesta un orozco que se siente acosado. no tuvieron los huevos que hacn falta para ello y yo sí los tuve y por eso tengo un departamento en ny y viajo por todo el mundo, parece estar a punto de espetar. ahí hay garra, filo, atino. el documental tiene momentos muy buenos como la imagen reiterada de una lancha que se deplaza a toda velocidad, pero tiene muchos otros que la música electrónica banal acaba por estropear aún más. digno de verse pero también de criticarse para proponer un punto de partida menos complaciente y con una coherencia crítica de la que carece el trabajo firmado por martín
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Juan Carlos Calderón
20Jun08
Admiro mucho la obra de gabriel orozco, me gustaria que hubiera mas videos que hablen de su obra, libros de sus fotografias, que fuera mas valorado en mexico, ya que considero que las luces en el arte mexicano, son los muralistas,frida, tamayo,toledo y en la actualidad el maestro Gabriel Orozco. la pelicula de mi tocallo esta muy buena y las rolitas de tosca tambien, cuando vienes gabriel a culiacan a darnos una conferencia, ó un taller. saludos.
Kim Packard
31Mar08
The concept of art is evolving but what is the contemporary approach to art? It seems to be the pursuit of new perspectives and visions, seeing ordinary things in ways they have never been seen before and giving such visions a voice, revealing the cultural/aesthetic blind spots. One way to do this is through installation art, which is subsequently uninstalled. What remains of such art are artistic photographs. An 80-minute long exploration of what art means to a contemporary artist such as Gabriel Orozco brings the audience face to face with the different manifestations of contemporary art in a way that cannot be anything but educational and eye-opening. Whether one can agree with G. Orozco on the attitudes of illustrious English intellectual giants of the past in regards to art may be a long jump but it could be a stimulating trigger for thinking about what art was during the course of history, is now, and can be.
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