la crisis del arte implica una distancia insalvable entre el gran pasado del arte y su presente, todo en minúsculas. encontrarle la belleza a lo minúsculo no es algo ajeno a orozco pero uno también siente nostalgia de aquellos personajes arrebatados de lucidez. escuchar a orozco hablar como cualquier mexicano de la capital, con sus excesos y reiteraciones vacías es un tanto decepcionante. la obra, no la persona… que trabaja y en su búsqueda da con hallazgos potentes, eso nadie puede dudarlo. uno quisiera no haberlo conocido tras conocerlo en su ordinario estilo. sin embargo algunos momentos brillan. cuando se enoja por las opiniones de dos chavas y estalla en rabia. o cuando explica su mirada sobre una instalación ocurrida en la playa y reescenificada en una galería alemana. o cuando en ese mismo segmento habla de cómo incorpora el ocio de otros en la confexión de sus piezas. o cuando un crítico platica que el padre de orozco fue asisitente de siqueiros y por tanto hay un nexo entre un mural sobre los electricistas y una de las mejores fotos de orozco de un charco con las huellas de agua en círculos como de una bicicleta que va y viene del charco… o aquel otro de orozco explicando que el méxico de 1999 es un desastre que podría dejar de existir y del que hay tantas ruinas que resulta imposible intentar reconstruir nada… tal vez lo mejor de su trabajo, además del citroen y las mesas de ping-pong y de billar, son las fotos. como la de un ny reconstruido con piedras y desechos, una imagen que es uns síntesis irónica y certera del paisaje urbano de aquella mítica capital del mundo. la trivialidad de orozco aburre pero su arte lo redime, aunque sea en minúsculas. si los italianos inventaron el “pensamiento débil” el arte de orozco parece eso, un “arte débil”. da gusto que sea reconocido en el extranjero aunque abre los ojos a un mundo “transnacional” del “arte”, que ejercen un vampirismo al que se acomodan con demasiada complacencia los artístas de hoy. no hay garra, o si la hay, y no tiene filo ni interés en desgarrar nada. pero cuando orozco se siente acosado y responde con furia, alcanza una consistencia mejor que la de la plática sazonada de groserías. por ejemplo, cuando se refiere a un comentario que escucha con cierta frecuencia, no falta quien afirme ante alguna de sus obras “eso lo pude haber hecho yo”, pero no lo hicieron, contesta un orozco que se siente acosado. no tuvieron los huevos que hacn falta para ello y yo sí los tuve y por eso tengo un departamento en ny y viajo por todo el mundo, parece estar a punto de espetar. ahí hay garra, filo, atino. el documental tiene momentos muy buenos como la imagen reiterada de una lancha que se deplaza a toda velocidad, pero tiene muchos otros que la música electrónica banal acaba por estropear aún más. digno de verse pero también de criticarse para proponer un punto de partida menos complaciente y con una coherencia crítica de la que carece el trabajo firmado por martín