Todavia trabajando para el estudio Nikkatsu, en el que realizó sus aventuras mas desquicidas hasta que lo echaron cuando la cosa se puso un poquito mas intolerante con la inmesa “Branded to Kill”, Seijun Suzuki se despachó con una pelicula basada en una novela de Tajiro Tamuda llamada “Gate of Flesh”. De esa exitosa novela Suzuki solo respeta rigidamente la ambientación, ya que ambas suceden en los dias posteriores a la ocupación de Japón por parte de Estados Unidos en la Segunda Guerra Mundial. El resto de la historia es radicalmente subvertido para dar rienda suelta a la libertad artistica de Suzuki, para quien evidentemente no habia nigún tipo de ataduras o respeto cuando se trataba de adaptar una historia ajena, lo que no deberia sonar para nada descabellado teniendo en cuenta de que se trata de uno de los directores mas salvajes de la Historia del Cine Japones, figura clave de la renovación que sufre ese cine a finales de los años 50’s, cuya importancia solo puede compararse con la de uno de sus contemporáneos (y compañero en lo que a pujar los limites artisticos se trata), Nagisa Oshima.
“Gate Of Flesh” cuenta la historia de un grupo de prostitutas que deben buscar formas de supervivencia dentro de un contexto por demás hóstil. Esta unión formada por cuatro mujeres jóvenes que han sido desprovistas de todo tipo de esperanza no ven otra solución que exponer sus cuerpos como mercancia, el único negocio que parece tener posibilidades de expandirse en medio del caos que reina en la zona. Los soldados, tanto los americanos como los japoneses, estan constantemente a la búsqueda de los cuerpos urgentes que abundan en la zona. La pelicula comienza con un prólogo feroz: una mujer que roba comida es atrapada por un soldado. La mujer, completamente desesperada y hambrienta, es directamente encomendada a las garras de la lider del grupo de prostituas, quien le dice que con ese cuerpo facilmente podrá hacer dinero. La mujer se une al grupo, pero Suzuki no pierde ningún segundo en demostrarnos que se trata de una unión por mera conveniencia y que esa mujer no es igual que las demas del grupo, psiquica y fisicamente unidas por el salvajismo de los cuerpos. Hay en ellas un estado mental y un comportamiento que Suzuki insta por diferenciar constantemente a traves del vestuario: todas usan un vestido con un color caracteristico que hace referencia a su actitud, elemento que funciona de forma magistral. La nueva del grupo, en cambio, manifiesta su auto-marginación vistiendose con ropa mas pudorosa: un vestido similar al que llevan el resto de las mujeres del publo, lo que genera que no solo pase por una mujer mas (sin dar sospechas de su condición de prostituta), sino que produzca un choque de intereses con el grupo del que forma parte, grupo que claramente se diferencia del resto de las personas a traves de la fuerte impostura de sus colores y actitudes. Asi y todo, la unión del grupo se manifiesta a traves de unas reglas que, apenas son trangredidas, se pagan con un castigo corporal y una consecuente exhibicion publica de la vergüenza. Uno de esos castigos sucede apenas comenzada la pelicula y esta relacionado con el hecho de que una de las prostitutas no cobró a su cliente. Esta infracción se presenta como la mas compleja dentro de todas porque esta conectada con los sentimientos de las mujeres del grupo: al relacionarse con un hombre mas allá de lo mercantil se quiebra el orden deshumanizante que reina entre ellas y comienza a salir a flote la idea de que quizas puedan ser algo mas que meros productos dentro de un sistema que parece marginarlas constamente, pero en realidad lo que este hecho exhibe es una conducta mucho mas problemática que es la distinción entre las que ejercen la prostitución porque no ven otra solución y aquellas que lo hacen por mero placer. Esta situación se extrema aún mas con la llegada de un soldado japones herido (interpretado por el actor fetiche de Suzuki y super star del estudio Nikkatsu, el Jack Palance japones, Joe Shishido) que, refugiado en la guarida de las mujeres, desata los sentimientos reprimidos de las mujeres, lo que genera que todo el ambiente entre ellas se vuelva una total amenza. De esta forma, lo que la pelicula pone en juego a traves de la presencia del intruso es una especie de ruleta rusa igual de destructora que el contexto que la contempla, donde cada una de las mujeres espera a ver quién será la primer victima de la tentación y, en consecuencia, la primera que traicione sus ideales.
Por otro lado, la llegada del soldado tambien genera una re-estructura de jerarquias dentro del seno del grupo. La mujer que claramente resaltaba como la lider es puesta en el lugar de las demas mujeres, ya que el hombre, imponiendo una conducta de orden sumamente machista, comienza a ponerse por encima de las mujeres, convirtiendose rapidamente en el nuevo lider. Lo que hace Suzuki a traves de este hecho es resaltar el comportamiento pseudo-animal, desatado de las mujeres, que, con la llegada del hombre macho-alfa que claramente representa el personaje de Shishido, comienza a cambiar en la búsqueda de un orden no menos caótico que el original. Es muy interesante la forma en la que cada uno de los personajes, aún sin ser del todo desarrollados, quedan completamente figurados en cuanto a su estado psicológico, algo que Suzuki realiza dando rienda suelta a sus tipicos saltos narrativos que, aunque en esta pelicula todavia estaban en estado cuasi-embrionario (hay que tener en cuenta que esta es una pelicula anterior a las mas conocidas “Tokyo Drifter” y la ya nombrada “Branded…”, dos de las obras mas descontroladas de Suzuki, donde realmente explota su montaje ala free jazz), le sirven para mostrar algunos retazos del pasado de sus personajes. Estos abruptos cambios de escena pueden llegar a percibirse como molestias, pero lo cierto es que con el correr del metraje la acumulación de los mismos va dando lugar a nuevas facetas dentro de las actitudes de los personajes que terminan por dotarlos de nuevas capas dentro del desarrollo de su personalidad. Y no solo de estos juegos con el montaje se ayuda Suzuki. Aquellos que ya hayan sido espectadores de algunas de sus otras peliculas sabrán que suele ser un director con un acercamiento a la experimentación bastante desatado. La historia con tintes melodramáticos que le brinda el relato de “Gate of Flesh” la da la oportunidad de jugar con cierto imaginario tipico de ese género tan americano. Lo primero que salta a la vista es que la pelicula esta totalmente realizada en un estudio. No estoy seguro si muchas de las peliculas de Nikkatsu eran hechas en estudio, pero teniendo en cuenta que el resto de la obra de Suzuki cuenta con un estilo callejero ultra-realista (sobre todo sus primeras obras), me arrimo a pensar que no, que mas bien el hecho de realizar de forma artificial todos los escenarios tenga que ver mas con un guiño cinéfilo, lo que acerca a algunas escenas de la pelicula, aquellas que poseen un vuelo poético altisimo, a algunos momentos de films como “Lo que el Viento se Llevó”. Esta celebración de lo artificial tambien acerca a la pelicula a cierta corriente kistch, que se explota aún mas con la aparición de un número músical en un escenario compleatamente devastado.
A partir de esto pienso en si la artificialidad no le termina jugando un poco en contra. Suzuki comienza en esta pelicula a experimentar con la iluminación y la sobreabundancia de información en el cuadro, llenándola de elementos que algunas veces terminan jugando un papel inconcientemente nocivo. El gesto pop de muchas de las escenas, con una composición repleta de colores incendiarios y luces expresionistas, terminaba por distanciarme del verdadero valor dramático que Suzuki queria imprimirles. Dos registros distintos contrapuestos en un solo momento. A veces, decidamente ese plan estaba destinado para la comedia, momentos en los que funcionaba de forma correcta, pero otras veces la impostada artificilidad de las escenas genera una compresión erronea de lo que verdaderamente se queria contar. Algo parecido sucede en otro nível de la pelicula. Algunas escenas son marcadamente pensadas a la manera de una pelicula explotation (imposición del estudio seguramente, a esa altura comenzando a coquetar con lo que luego serian los pinku eiga), sobre todo las escenas de violencia entre las mujeres, que apelan al morbo del espectador por la tortura, con latigos y ataduras de por medio. Estas escenas entran en contraposición con las verdaderamente dramáticas, aquellas que van por el lado del melodrama, que si bien no reniegan tampoco de otro tipo de explotación, no terminan de entrar en sintonia con las verdaderamente grotescas. Hay un escena que es clave y que maneja estos dos registros de forma ultra-gruesa, pero que se perdona porque verdaderamente deja sin aliento: despues de estar desaparecido por un tiempo, el soldado regresa a la casa de las mujeres. Pero no aparece solo, sino que trae con él una vaca. Las mujeres sorprendidas le preguntan para qué trae una vaca y él les contesta que para comer. Lo que sigue es todo el proceso de la matanza de la vaca, mostrado de forma totalmente realista, haciendo casi un manual de como ir desmenuzando una vaca para su posterior ingerimiento. La escena funciona como metáfora de la banalidad del cuerpo convertido en mercancia, lo poco que vale éste en comparación con el del animal (de hecho, hay un diálogo muy gracioso sobre esto, porque el precio de la vaca es el mismo que el que ellas cobran por hombre), etc. pero la escena funciona porque desde el comienzo está planteada desde la sátira y en nigún momento se la trata de solemne. Por suerte Suzuki despues le va a empezar a agarrar la mano a estos juegos y en una pelicula como “Tokyo Drifter”, que va de Oshima a Melville sin nunca pisar el freno, funcionan de forma magistral.