1.
Dix Steele se ve pésimo. Su cara parece haber sido víctima no solo del paso del tiempo, sino también de una brigada de fracasos, uno mas doloroso que el otro, que terminaron constiuyendo un mapa con texturas, donde cada gesto parece hablarnos de distintos tipos de afectación. La cara de Dix Steele es una cara profundamente lastimada, cansina, que mira las cosas con una distancia demoledora, marginado por propia voluntad de todo aquello que parece contenerlo. Es un cuerpo fantasmagórico que deambula por la noche, saluda a viejos amigos igual de gastados y toma su vaso de alguna dura sustancia que poco debe hacerle ya a ese estómago que sospecho acostumbrado a los sabores explosivos, a la cafeína y a las pocas horas de sueño. Dix Steele habla un poco con esas personas que lo rodean, las conoce como cómplices lejanos de un contexto incierto, aunque la comunicación se nota por demás extasiada. Dix habla seguro, firme, las palabras parecen ser lo último que le queda. Eso y su violencia incontenible, que dos minutos después de entrar en el bar lo lleva a golpear a un personaje que se veía un poco mas vivo que los demás. De alguna manera, Dix hace justicia con ese mundo que lo rodea, una justicia extraña, si, egoísta, pero justicia al fin. Antes lo vimos manejando por la ciudad y las calles se veían tenues, apenas iluminadas por las luces de los faroles. La ciudad parece dormida y en ese silencio Dix se ve como el único capaz de transitar sin necesidad de que lo oigan. Y en esa pequeña irrupcion del exterior se observa otro complemento escencial que junto con el rostro de Dix generan una situación innegable: este es un lugar solitario.
2.
Dix Steele se dedica a hacer guiones. La industria cinematografía ha conocido momentos mejores y Dix lo sabe. No hay ninguna pasión en lo que hace y si en algún momento lo hubo, fue hace mucho tiempo. Ahora solo quedan vestigios de inspiración y un oficio del que conoce todos los rincones, pero el problema está en que ninguno de esos espacios se encuentra libre de demonios. Pero sobre todas las cosas, lo que mas afecta a Dix es el hecho de saber de forma precisa que todo eso que escribe y que luego se ve en las pantallas, todos esos sueños y fantasias plasmadas en imagenes no son mas que eso: un simple juego de engaños. La vida es algo distinto. Los finales felices son una farsa, un almohadón que disimula momentáneamente esa desconexión que Dix conoce y domina a la perfección. Escribir guiones le sirve también como un modo de conocer todo eso de lo que escapa. Sabe de relaciones humanas porque escribe sobre ellas. Sabe la forma en la que la gente piensa, en sus equivocaciones, en sus movimientos. Conoce la forma en las que las situaciones se generan y tambien posee el conocimiento sobre cómo desarmarlas. Escribe sobre esas personas de las que se mantiene alejado. Las que viven, paradójicamente, en un mundo real que tiene mucho de película. Dix no, Dix se sabe parte de ese lugar solitario donde no hay espacio alguno para la fantasía.
3.
Así y todo, Dix conoce a una mujer y de golpe se ve inmerso en una película que él no escribe, pero de la que es un elemento clave. Hay un crimen en el que ambos se ven implicados y que los lleva a conectarse. Ella dice que él no es culpable. A él eso mucho no parece importarle. Demasiado interesado está en conocer mas a esa mujer llamada Laurel Grey, vecina suya que gracias a una ventana que da justo al departamento de Dix lo salva de las sospechas de los detectives. La unión entre ellos es explosiva en mas de un sentido. Para ambos, la relación funciona como una especie de vuelta al mundo de los vivos. Dos personas perdidas en una nebulosa de afectos conflictuados que de golpe entran en reacción. Lo que sucede entre ellos es raro, la conexión se da casi sin ningún tipo de elipsis. Ella, al contrario de él, no habla tanto con las palabras, sino mas bien con sus cejas. La gestualidad es el arma que mejor utiliza para dar cuenta de lo que piensa. Curva uno, deja recto el otro. Lo mismo sucede con las muecas: a veces mueve un poco los labios hacia el costado, irónicamente, tal vez, pero yo me juego a que mas que ironía esa mueca esconde en realidad un acto de suma precisión hipnótica. Dix entiende que eso es algo que no se encuentra dos veces y entonces la acepta, o mas bien cae bajo rendido bajo la lucha inútil entre sus gestos de dureza y las maniobras de las cejas de Laurel. Los lugares ya empiezan a estar un poco menos solitarios.
La extrañeza de una película como “In a Lonely Place” radica en que aún siendo perfectamente ubicable dentro de los márgenes de lo que se conoce como film noir no vemos una pistola en toda la película. No hay disparos y la única muerte que hay queda siempre fuera de campo. Solamente vemos unas crudisimas fotos de la víctima, y eso es todo. Ni siquiera la presencia de la mujer, elemento de suma importancia en todo noir que se precie de tal, cumple su rol determinado. Si bien aparece como un personaje que cambia el comportamiento del protagonista, su temperamento de mujer firme irá cambiando con el correr de los hechos. En realidad, la relación que ambos mantienen se sostiene en una especie de sumisión acordada, donde el rol del dominador se modifica constantemente. Dix pasa de ser un hombre completamente seguro y abocado a su destructivo estilo de vida a ser uno que comienza a sentir compasión por lo que sucede a su alrededor. Este comportamiento, sin embargo, se derrumba poco a poco a medida que los exabruptos de violencia de Dix se hacen cada vez mas y mas fuertes. De esa manera, Laurel pasa a estar atada a la sombra de una duda. Los ataques descontrolados de Dix no hacen mas que sacar a flote todas esas preguntas que la fiebre del romance mantuvo ocultas. ¿Pudo Dix haber matado a esa chica? Todo grita que si. Laurel quiere escapar. Él sigue golpeando cosas y, de paso, le pide casamiento.
4.
Nicholas Ray construye una película llena de anomalidades felices. Primero, la presencia completamente desatada de Humprey Bogart, que en un manejo ultra-preciso de explosiones brutales y silencios de pura gestualidad corporal, construye un personaje que, como es bien típico en el cine de Ray, está lleno de facetas que no paran de salir a la luz en cada escena. Es un personaje que aparece bien definido de entrada, pero que luego va pasando por un proceso de mutación que lo termina convirtiendo en una persona que es víctima de su propia violencia, un monstruo enfrentando a otros monstruos. Por otra parte, resulta imposible no pensar en Dix Steele como el personaje Rayniano por excelencia. Su equilibrio anímico, digno de un comportamiendo pseudo-bipolar, que entre estallido y estallido encuentra una mínima calma donde el irrefrenable sentimiento de culpa lo hace relegarse hacia si mismo y pedir perdón. Este es un comportamiento que se observa en la mayoría de los hombres que Nicholas Ray ha sabido filmar, desde el rebelde sin causa de James Dean hasta el mas grande que la vida James Mason, todos hombres que sufren por esos sentimientos que no pueden controlar y que terminan haciéndolos actuar contra su voluntad, extasiados en medio de un campo de batalla que ellos mismos gestionan.
También tenemos a Gloria Grahame, quien por esta época todavía era la mujer de Ray (se casaron en 1949, cuando ella actuó para Ray en la pelicula A Woman’s Secret). Grahame es una femme fatal inconsciente de serlo. Al principio de la película, cuando recién comienzan a enfrentarse con Dix, lo que todos pensamos es que lo suyo es por pura conveniencia. Pensamos que le salva el pellejo a Dix porque ve en él una oportunidad para triunfar una vez mas en la pantalla grande. Quizás sea esta su primaria intención, pero luego las circunstancias la llevan por otros caminos, un poco mas veloces y peligrosos. Lo primero que dice es que Dix le resulta interesante. Lo último que va a decir es que ya no importa, haciendo referencia al hecho de que finalmente Dix es liberado de toda sospecha de asesinato. Y claro, no importa porque ya todo lo que pudo ser destruido se destruyo y la película en la que el amor entre ambos era posible parece haberse incendiado sin dejar ningún tipo de rastros. Dix se va, caminando lentamente otra vez hacia la noche. Ella se queda, otra vez en esa ventana, pero ya no mira hacia la casa de éste, sino hacia un horizonte donde los espacios vuelven a tomar un color etílico, de aguaardiente.
La última anomalía es lo que Ray hace con las convenciones del Noir. El crimer, por ejemplo, nunca se convierte en el centro del relato, sino que mas bien Ray y su guionista Edmund North deciden explotarlo por los costados, de forma tal que lo único que afecta a los protagonistas y que en ultima instancia termina relacionandolos con el hecho es la creciente desconfianza que Laurel va teniendo con respecto a Dix. De esta manera, la pelicula mantiene latente un gran whodunit que va acrecentandose a medida que la paronia de Laurel va creciendo. Esta es una decision mas que feliz, porque de ese modo la pelicula aprovecha la duda para deformar a los personajes y en ese divague hacia el que los arrastra la sospecha, Ray aprovecha las debilidades y bajo la forma de un noir filma la brutal descomposción de una relación.
5.
Cada vez que veo Sed de Mal (Orson Welles, 1958) pienso en que la perfección de la secuencia incial no solo pasa por el genial uso del travelling, sino porque Welles logra dejar en claro de forma casi precisa el rumbo de lo que está por venir. El beso que se dan los dos protagonistas minutos antes de que la bomba estalle anuncia que nada bueno puede salir de eso. Algo similar sucede en In a Lonely Place. Las circunstancias en las que se conocen los dos protagonistas está lejos de ser la ideal. Los une un asesinato. Lo curioso es que no termina siendo eso lo que los aleja, sino mas bien su propia necesidad de destrucción. Son, finalmente, dos personas que por mas que quieran sentirse contenidas, no encuentran otra solución que alejarse, cada uno a su modo, volviendo a reinar en ese lugar solitario donde parecen sentirse seguros.