Para muchos, la obra maestra de Buñuel, declarada Memoria del Mundo por la UNESCO y ganadora de la palma de oro en el festival de cannes, es una de esas cintas que dejaron huella en la memoria colectiva de los cinefilos alrededor del mundo. El discurso de esta cinta, como advierte la voz en off de Ernesto Alonzo al comienzo, es universal. Situaciones como las que son retratadas en este estremecedor filme se daban en cualquier parte del planeta, y se siguen dando, por supuesto, solo que ahora se dan de un modo diferente, esto es, ya que vivimos en un mundo en el que la realidad ha sobrepasado por mucho a la ficción, situaciones como las que plantea Buñuel en su cinta (marginación, pobreza extrema y la maldad inherente a que esta conlleva a ciertos individuos, explotación laboral y sexual infantil, etc.) en el devenir de los años, han sido rebasadas por otras mucho mas deshumanizadas y violentas, por lo que esta cinta, que en muchos aspectos aun (desafortunadamente) mantiene su vigencia, en otros casi podria pecar de ingenua. Sin embargo, al año de su realización, México y el mundo eran otros. No contabamos con acceso a infinidades de medios de comunicación como ahora ni existia la libertad de expresión de la que actualmente goza este pais, por lo que la manipulación de la realidad resultaba ser algo mucho mas facil para los gobernantes en turno. En ese entonces, bastaba conque el presidente de la Republica, valiendose de los medios de comunicación mas importantes (y casi los unicos entonces) radio,una incipiente televisión y prensa escrita, todos bajo el control gubernamental, saliera a decir que TODO ESTABA BIEN, para que toda la gente aceptara la palabra de Dios sin chistar. En ese contexto, no son de extrañar las reacciones que generó Luis Buñuel con Los Olvidados. Apoyandose en un guion escrito en colaboración con Luis Alcoriza, Buñuel plasmó en la pantalla en un tono hiperrealista una verdad incomoda a todas luces evidente, la precaria condicion de vida y la marginación a son sometidos los niños de la calle, y para peor, como telon de fondo, un México verdadero que distaba años luz de la imagen idilica que manejaban del pais las producciones cinematograficas de entonces, y, por supuesto, contraria a la falsa vision de estabilidad y progreso por parte del Estado. La pelicula se estrenó en una sola sala y dió el semanazo, nadie pareció interesarse en un film hecho por un director quien era practicamente un desconocido. Sin embargo, la cinta comenzó a ser exhibida en certamenes alrededor del planeta y a cosechar premios y criticas favorables, por lo que el productor Oscar Dancigers decidió reestrenarla, esta vez, con una asistencia del publico apabullante. Pero pronto el exito se transformaria en controversia , ya que la cruenta visión de la sociedad mexicana que el film manejaba causo la indignación de los sectores mas conservadores del pais y buena parte del publico, quienes alegaban que esta pelicula era un insulto hacia México (resulta pateticamente curioso constatar que, aun hoy, existen en este pais pendejos que siguen pensando lo mismo, sin siquiera haber visto la pelicula) llegando incluso al extremo de solicitar la expulsión de Buñuel, cosa que afortunadamente no sucedió gracias a la oportuna intervencion de grandes personalidades del medio intelectual como Octavio Paz, quien siempre salió en defensa de la pelicula. Film de notable factura, estupendas actuaciones (sobresale Roberto Cobo como el Jaibo, un personaje antologico en el cine mexicano, Stella Inda como la madre indiferente, Miguel Inclan, inolvidable como Don Carmelo, ciego pero culero, y Alfonzo Mejia, prometedor actor infantil, en el unico papel por el cual es recordado.) una excelente fotografia de Gabriel Figueroa (la secuencia del sueño y la escena final hicieron historia) y la mano maestra del director, hacen de esta pelicula una obra fundamental en el discurso buñueliano y una experiencia que ningun verdadero cinefilo puede dejar de ver.