puesta en escena impresionante, todo el rigor de lubitsch aplicado a un sin fin de detalles: escenografía, vestuario, iluminación, actuación, gestos, movimientos de cámara, edición, narración… se entiende que se haya estrenado junto con el ufa-palast am zoo en berlín y que haya sido la punta de lanza de alemania en el extranjero, antes incluso que caligari. si se piensa que alemania estaba en la quiebra moral y económica… la grandeza apuntada se eleva al cuadrado. lubitsch demuestra ser uno de los grandes directores de todos los tiempos pero ignorado o negado en nuestros días, que pal caso, es igual. kracauer lo despacha con demasiada celeridad para mi gusto, en su magna obra, de caligari a hitler, porque a pesar de su desprecio por la revolución francesa y la que acababa de ocurrir en las calles de berlín, como producto cinematográfico estamos ante un portento inevitable. las escenas de masa y la fluidez de la narración le valieron el nombre de griffith alemán pese a que hay diferencias notables entre ambos maestros, una de las cuales fue anotada por un crítico de la época que escribió que si la hubiera hecho griffith, sería manierista. una parte del “diálogo” entre el eterno enamorado de la dubarry, armand de foix, dialoga directamente con el eterno resplandor de una mente sin recuerdos, despechado, su amante de principio a fin de la película, le espeta “lo único que quiero, es borrarte de mi memoria”. el final de la película es realmente portentoso, madame dubarry meets madame guillotine —y se sabe quién tenía la última palabra en esos breves pero intensos diálogos. la historia se convierte en espectáculo, no hay mucho que celebrar ahí, pero sigue provocando asombro que un alemán narrara una historia de época de otro país, de uno que había sido su enemigo recientemente y que le había derrotado, por cierto. pola negri, a mi no me convence, no le veo la belleza, por más solvencia escénica que desparrame, en cambio emil jannings está irreprochable