Maugard’s gritty feature-length drama La Mancha de sangre (1937), for several decades understood as an anomaly in Mexican film history, much discussed but rarely seen until its rediscovery and restoration by Filmoteca de la UNAM several years ago. One roll of sound and the final image track remain missing. What has been rescued is enough to reconstruct the sordid story, set within the eponymous fictional cabaret. The plot revolves around the romance between Camelia, a bargirl, and Guillermo, a provincial youth new to the big city. Camelia offers to care for the impoverished, unemployed man until he establishes himself. A transformation occurs under the tutelage of Camelia, as Guillermo trades in his overalls for a sharp gangster’s suit. While the melodramatic plot might link this film less to the avant-garde of Best Maugard’s artistic milieu than to contemporary cabaretera films—such as Santa (Antonio Moreno, 1931), the first Mexican film with sound, or La mujer del puerto (Arcady Boytler and Rafael Sevilla, 1933)—a number of structural and representational differences set the film apart. Film critic Arturo Garmendia has compared the sensibility of La mancha de sangre to the course style of G.W. Pabst and the films of Germany’s neue sachlichkeit , a realist cinema of the urban experience. 15 La Mancha de Sangre was filmed not only in the former Azteca Studio, but on location in various working-class neighborhoods of Mexico City. –starbacks.ca
Camelia (Stella Inda) es una más de las prostitutas que ofrecen sus servicios en “La mancha de sangre”, un antro de mala muerte el cual es regenteado por el proxeneta y narcotraficante alemán Gastón. (H.G. Batenberg) Entre esporádicos amantes, el humo de cigarro, copas de vino y el disipado modo de vida nocturna del lugar, la sensual mujer y sus compañeras de trabajo ven transcurrir una existencia despreocupada y sin mayores sobresaltos hasta el día en que Camelia conoce a Guillermo (José Casal) un muchacho mas joven que ella, desempleado y recién llegado de provincia, del cual se enamora y de quién decide hacerse cargo sentimental y económicamente; no obstante, Gastón tiene sus propios planes para el inexperto chaval, quién al no hallar un trabajo estable, comienza a sentirse seducido por el poder y el “glamour” alrededor del mundo de la mafia, lo que lo lleva a comenzar a involucrarse en los turbios negocios de Gastón, un suceso que Camelia esta dispuesta a impedir a cualquier precio. Este segundo y último trabajo como director del pintor y teórico de Cine Adolfo Best Maugard es considerado como el filme maldito por excelencia del cine mexicano. La cinta (perdida por más de cincuenta años) se trata de una sórdida y verosímil mirada a los entretelónes de la vida de cabaret y la delincuencia organizada en el México de los años treinta. Ajena a los convencionalismos e idealizaciones propios del cine de la época, la película de Maugard nos muestra el burdel-cabaret-centro de la mafia donde trabaja Camelia; por un lado, como un microcosmos donde convergen de un modo inquietantemente cotidiano y realista los parroquianos que frecuentan el lugar, integrantes de diversos sectores de la sociedad (miembros de la clase obrera, principalmente) todos ellos envueltos la (de a ratos sórdida y convincente al extremo) atmósfera propia de un cabaret cualquiera de los barrios populares del Centro Histórico de la Ciudad de México; por el otro lado, las “sexoservidoras” que allí laboran. Lejos de la sufrida e hipocritamente moralina visión manejada por otras cintas del género ,en las cuales se presenta el destino de las mujeres que ejercen la prostitución como un castigo (el cual casi siempre termina con la muerte) que estas deben sufrir estoicamente para expiar sus culpas, (por haber perdido la virginidad fuera del matrimonio) en el film de Maugard, por el contrario, estas aparecen, simplemente, ejerciendo una profesión para ganarse la vida sin mayores tapujos y sin tener necesariamente que sufrir por ello, dándose no solamente el lujo de divertirse y enamorarse, sino sentirse orgullosas de ello: un ejemplo evidente es Camelia, la protagonista; opuesta a los sufridos personajes femeninos de Santa (de la película homónima) o a la Rosario de La mujer del puerto, Camelia es una mujer inteligente y friamente calculadora, quién no esta dispuesta a quedarse con los brazos cruzados y no duda en emplear el sexo, su astucia y la violencia para conseguir sus objetivos. Es también en este sentido que La Mancha de sangre resulta una experiencia transgresora (y muy disfrutable) debido a sus elevadas dosis de un erotismo poco disimulado, como los sorprendentemente fascinantes desnudos durante la orgía organizada por Gastón para sus amigos, o aquella otra escena en que se aprecia a Stella Inda bailando y barriendo su departamento entallada en un semi transparente negligee mientras espera la visita de su joven amante Guillermo. Seguramente por todas estas razones (contrarias a su ideología), el régimen cardenista no vio con buenos ojos al film, por lo que se ordenó su confiscación sin obtener la autorización para ser exhibido (con mutilaciones previas de por medio) hasta el año de 1943, en una sola sala de cine y con poco éxito de taquilla, despúes de lo cual desapareció casi por completo, quedando al nivel de leyenda urbana. En 1993, la Filmoteca de la UNAM recibió un depósito de materiales de nitrato de celulosa que se encontraban en una bóveda olvidada. En la lista de los materiales, se encontraba una maltrecha copia de La mancha de sangre, gracias a lo cual se inicio un meticuloso proceso de restauración. Le faltaba el rollo 6 de sonido, y el 9 y último, de imagen (con el climax del film), los cuales hasta el momento no han podido ser encontrados, algo que logra darle a la cinta un final involuntariamente abierto y sujeto de diversas interpretaciones, pero que ,sin duda, contribuye al aura de misterio y fascinación que sigue despertando esta cinta a 75 años de su realización.