Despues de Adios a mi concubina, Chen Kaige consiguió otra obra maestra con esta superproducción ambientada en la China del siglo XIII. El asunto es muy similar al de La maldición de la flor dorada de Yimou (filmada casi una decada despues), en este caso, vale destacar el desempeño de su sobresaliente reparto, la compleja riqueza de la trama y la belleza visual caracteristica del cine de Kaige. De lo mejor de los 90.