Un científico trata de impresionar a una atractiva reportera que conoce durante un coctel y en su búsqueda de llevarla a la cama la invita a su laboratorio para presumirle la invención que cambiará al mundo: un nuevo dispositivo de teletransportación.
En 1986 David Cronenberg estrenó La Mosca (The Fly), remake del clásico de ciencia ficción de 1958, con el legendario Vincent Price. No se deje engañar, que sea un refrito no significa que el director canadiense no imprimiera su sello.
Jeff Goldblum es Seth Brundle, el científico que modificará la historia con su invento y que por un infortunio quedará convertido en una mosca –no es como si no se supieran la trama–. Al igual que otras de sus películas como Videodrome (1983) o Rabid (1977) –esa vagina axilar con aguijón es inolvidable–, Cronenberg lleva la transformación de Seth no sólo a su exterior, es difícil discernir que es más repugnante: la nueva apariencia de Brundle o la forma en que se modifica su interior.
A un cuarto de siglo de haberse estrenado The Fly sorprende por el tino con que el gore es utilizado en pantalla si lo comparamos con cintas recientes como A Serbian Film (Srpski film, 2010) o The Human Centipide: First Sequence (2009), que lucen más como un catalogo de sadismo gráfico y momentos shockeantes que como una película.
Cronenberg no desatiende el fondo de su cinta en busca de escenas provocadoras, aquí lo repulsivo lleva justificación. Ejemplo de esto es el sueño de Veronica (Geena Davis), todas sus preocupaciones se ven reflejadas ahí en su subconsciente.
Para el director el interior de un ser humano no cambia, la superficie podrá sufrir alteraciones o mutar en algo completamente diferente pero debajo todo es inmutable. Los motivos de Seth desde el comienzo son egoístas, esconde su invento del mundo porque quiere la gloria para él solo. Ocurre igual que en Una historia violenta (A history of Violence, 2005), en donde Tom Stall (Viggo Mortensen) podrá haber mutado en un dedicado e intachable padre de familia, pero en el fondo es el mismo matón que huyó de su hermano y eso lo perseguirá por siempre.
A 25 años de su estreno –vio la luz un 15 de agosto– La Mosca continúa igual de fresca, quizá no tan impactante para las nuevas generaciones, pero sí como un tour de force para todo aquél que guste del cine de horror y busque entender la obra de David Cronenberg.