Tardé bastante en ponerme en contacto con la pelicula de Ivan Fund y Santiago Loza, de la que tanto se viene hablando desde su estreno en el BAFICI 2010, donde se convirtió en la pelicula “perla” de esa edición del festival. Mas de un año despues de ese estreno, finalmente la pelicula llega a las salas, arrastrando ahora tambien todo un recorrido exitoso por festivales (como por ejemplo en Cannes 2010, donde fue parte de la sección “Un certain Regard” y de la que se llevo el premio a mejor actriz, compartido por las tres protagonistas). Siempre cuesta enfretarse a esta clase de fenómenos fílmicos tan comentados, a la que uno llega absolutamente contaminado por las distintas voces que se enfrentan alrededor de la obra. Frente a esa situación, lo mejor es llegar a la hora en la que se apagan las luces con la mente en blanco y las expectativas en el mas alto nível.
Por lo menos en mi caso, esas expectativas no solo fueron colmadas, sino que se superaron en varios aspectos. La primer causa que desató este efecto fue generado por el factor sorpresa. Ni “La Risa” ni “Hoy tuve miedo”, las dos peliculas de Ivan Fund, me parecierón buenas, sino mas bien simplemente unos ejercicios de forma interesantes en algunos aspectos, pero no del todo logrados. Viendo “Los labios” pude observar que lo que me parecía un ejercicio vacío, tomaba, en ésta pelicula, colores distintos, lo que incluso me hace ver con otros ojos su posterior pelicula, “Hoy no tuve miedo”. Esa idea de tomar el relato tanto con las pinzas del documental como con las de la ficción funciona en esta pelicua de una manera magistral. Este aspecto es clave dentro del sistema que la pelicula construye, no solo por tomarlo como método de registro constante, sino porque da cuenta de que Fund está en la gestación de algo que, dentro de un par de peliculas mas, seguramente será impecable. Igualmente, “impecable” es una palabra que no se termina de acomodar del todo bien en los márgenes de la obra de Fund, quien mas bien parece sentir una bienvenida afición por las superficies rugosas, los momentos indefinidos, la sorpresa del azar. “Los labios” se construye de a poco, haciendo de la paciencia un elemento que termina afectando a todo lo que aparece delante de la cámara y que termina dando lugar a pequeños destellos de belleza que sorprenden por su naturaleza completamente no-ficcionalizada, como ese caballo que aparece cabalgando por el camino que lleva a las tres mujeres de vuelta la hospital, como esos perros que se acercan en busca de comida y que la cámara, conciente de que todo cuenta, opta por no marginalizar sino mas bien hacerlos parte de ese mundo que construye. Pero las partes “ficcionalizadas” no se quedan atrás: tengo grabado en la memoria el onírico inicio, con una de las mujeres despertando en medio de un gran campo o todo lo que sucede dentro de ese hospital abandonado que les tocó como casa provisoria.
Puede llegar a pensarse que, teniendo en cuenta la obra previa de los dos directores, las escenas que corresponden a lo “documental” son tarea de Fund, mientras que los aspectos mas “ficcionalizados” le corresponden a Loza. Si bien comparto la opinión de que en ciertos momentos se hace mas claro ver la mano de uno u otro director, considero que si hay algo que hace de “Los Labios” una gran pelicula es justamente el hecho de hacer de esta dualidad una completa unidad. Ambos directores han dado lugar a una unión que se arma a partir de un acto puro de confianza en su relato y todo lo que esto implica: primero que nada, en sus tres actrices, una mas impecable que la otra, que logra transponer a un lugar de puro gestos y fisicidad la dicotomía ficción/documental (¿Cuándo dejan de ser actrices? ¿Es que esas condiciones de vida precarias de las que deben dar cuenta no las afecta como personas? ¿Cuándo se transforman verdadaremente en personas y dejan de ser personajes?) y que, ademas, logran un trabajo excepcional al construir sus personajes desde lo mas mínimo y aún asi hacerlas palpables, con sus dudas, sus complejos, sus tareas; en segundo lugar, confianza en la aventura, en las posibilidades que ofrece una cámara y alguien que se pare al frente de la misma; y, en ultimo lugar, confianza en los retratados, en esas personas anónimas que cuentan, que dicen, que se transforman por una vez en emisores que encuentran un receptor.
En esas escenas donde las mujeres van a las casas de los habitantes del devastado lugar de Santa Fe que visitan, es donde Fund y Loza logran momentos de una sensibilidad apabullante. Sin nunca ponerse por encima de ellos, sino mas bien haciendolos cómplices del discurso que se construye, esas personas se presentan frente a la cámara con un grado de desnudez pocas veces visto en el cine argentino, que sorprende por lo natural que se observan. Y cuando no lo son, es decir cuándo se hace evidente la presencia de la cámara (como en la primer casa que visitan, en la que unas niñas se notan tremendamente intimidadas), no molestan, sino que esa timidez frente a lo desconocido se inscribe dentro del sentido del film. Todas desciones que, en definitva, hablan del nível de libertad con el que Loza y Fund encararon el proyecto.
Tamaña empresa que es “Los labios” no podria tener un final mas exacto, mas épico que el que tiene: las tres mujeres entregadas completamente a su labor, en un unión total con aquellos a quienes vienen a cuidar, jugando en el barro con unos chicos, transformándose en una parte mas de ese entorno. Una unión que es la misma que lograron Loza y Fund. Dos uniones que se presentan como dos actos puros de valentía.