Watch unlimited films online for $6.99.
Try MUBI for FREE.
 

Untitled

By Lucas Granero on August 13, 2009

Con esa especie de poder visual que se suele desprender del reciente cine de Gus Van Sant, “Last Days” se transforma en una pelicula única, que se aleja de esa idea que se podria haber tenido acerca de “filmar los últimos días de Kurt Cobian”. El sensacionalismo, el amarillismo, “el rock and roll cliché”, todas esas cosas desaparecen de la mano de Van Sant, que prefiere la abstracción pura como única forma para mostrar una de las muertes mas injustas de la historia del rock. Y justamente es esa distancia que muestra hacia su objeto de registro lo que le permite correrse de lo habitual y mostar el otro lado de la cuestión. Yo me preguntaba mientras la miraba si la pelicula hubiera funcionado igual de bien si en vez de Cobain hubiera sido un rockero cualquiera, es decir, me puse a pensar si, despegado de la figura del mito, la pelicula hubiera funcionado de todas formas. Yo estoy casi seguro de que si, de que definitavamente “Last Days” puede ser vista sin tener en cuenta la presencia de Cobain porque, en definitva, se trata de lo mismo que Van Sant viene contando hace años: la idea de la desconexión absoluta con el ámbito que nos rodea, la cuestión de estar muerto en vida, la búsqueda de una libertad a toda costa.

Si esta vendria a ser la última pelicula de su tan mentada “Trilogia de la Muerte”, Van Sant elegió la mejor forma de finalizarla. “Last Days” es no solo la mejor de esa trilogía, sino tambien la mas hermética, la mas extraña, la mas ambigua. Se trata de una pelicula que nunca parece empezar, que nunca arranca y que utiliza esa misma no-acción como la clave de su magia. Uno espera ver todo el tiempo a Cobain en acción, pero Van Sant sabe que eso es algo que podemos ver en cualquier lado, y decide que en su forma de ver las cosas (y la subjetividad es otra de las palabras claves en el cine de Van Sant), lo que se plantea como principal eje es el alejamiento de todo tipo de estereotipo. Le interesa mas la forma en la cual su Cobain, Blake, se desenvuelve en ese ámbito, en esa casa que tiene un protagonismo enorme, en esa frialdad que representa todo su entorno, en el bosque como pequeña salida, en el agua, en los árboles. Van Sant lleva a Blake hacia un estado practicamente salvaje, primitivo, en el que el bosque parece ser el ámbito donde mas a gusto se siente. Es que mas que perdido, Blake esta cansado, alejado de cualquier tipo de vida. Blake parece estar constantemente pesado, la gravedad misma parece lastimarlo, tirarlo al piso. La prueba mas clara de este estado es esa canción que va realizando de a poco, tocando uno a uno los instrumentos, mientras la cámara se va alejando cada vez mas, dejando que escuchemos el grito de Blake a lo lejos, apagado, pero violentamente esperanzador.

La mejor decisión que podia haber hecho Van Sant es nunca mostrar a Blake muerto; nunca enfocar el suicidio, sino mas bien la forma que nos lleva a ese camino. Y es en esa escena de la muerte donde Van Sant termina por entregar lo que es la forma mas excata de mostar a Cobain: lo humaniza, muestra el cuerpo que se va, que cambia, que finalmente se libera de todo esto, de todas las ataduras.