Para mí el mejor film de Bruno Dumont. Es increible cómo sutilmente logra delinear un anti-heroe romantico, siempre capaz de redimirse ante esa idea de lo sublime: reconocer los límites del hombre y elevarse por encima de ellos.
Todo está contenido en el film, todo está a punto de explotar, pero incluso cuando llega el momento nada se desborda. Todo se mantiene en esos limites asfixiantes y tranquilizadores. El espectador ya ha empatizado con el personaje principal y lo otro (el otro) necesariamente se convierte en el enemigo.