Quienes hayan visto Schindler´s list de Spielberg, y piensen que se trató de la ultima palabra en lo referente al Holocausto y la segunda guerra mundial, pueden pensarlo dos veces tras ver este brutal y desgarrador testimonio de la mano de uno de los grandes creadores del cine sovietico. A diferencia de la cinta de Spielberg, quien solamente es capaz de imaginarse los hechos en base al libro de Thomas Keneally, El director Elem Klimov y el guionista Ales Adamovich nos presentan un testimonio de primerisima mano de los horrores que les toco vivir en carne propia o de los que fueron testigos indirectos. Ellos no imaginan, sino recuerdan, conocen muy bien el tema que estan tratando, ya que Adamovich, como Florya, el personaje del film, es un sobreviviente de las masacres cometidas por los nazis en suelo ruso y miembro de una de las familias que se vieron obligadas a unirse a las resistencias partisanas que los combatieron, mientras que, en el caso de Elem Klimov, fueron tres razones las que le hicieron optar por llevar a cabo este proyecto. La primera, como en el caso de Adamovich, es sobre sus propias vivencias personales: el recuerdo de un niño en brazos de su madre (el mismo Klimov). Ambos, mientras huyen,enmedio de la muchedumbre, perciben con horror como el cielo se oscurece, a causa de las llamas que se levantan sobre una devastada ciudad de San Petesburgo, mientras el ensordecedor estruendo de las bombas lanzadas por los alemanes hace temblar las piedras; su sentido de la autocritica, que le hicieron renegar repetidas veces del resultado de su anterior y dificultoso film La Agonia (un proyecto sobre los ultimos años de vida de Gregory Rasputin, el cual entre continuas interrupciones y severos dolores de cabeza para el cineasta, le llevó 13 años poder finalizar) y el temor, bastante justificado en el momento (1985) sobre el advenimiento de una tercera guerra mundial, con base a las tensas relaciones entre la U.R.S.S. y los E.U.A. Como en el caso de su compatriota,el excepcional cineasta ruso Andrei Tarkovsky, fueron muchas las dificultades que debió sortear Elem Klimov para poder llevar adelante su proyecto. En una primera instancia, la película tenia como titulo tentativo “Maten a Hitler”, el cual, segun el cineasta, podia leerse desde diversos angulos, pues la intención de este titulo era mas que otra cosa, como una prevención ante los horrores que suponen el presenciar un conflicto tan inhumano como fue la segunda guerra y el exterminio nazi, y los extremos a los que pueden llegar las personas al dejarse llevar por sus mas bajos instintos, por lo que el nombre “Maten a hitler” debia leerse como “Maten al lado oscuro que todos tenemos”. Pocas cintas evocan la masacre en su justa dimension como esta. El recorrido del niño Florya es un verdadero descenso a los infiernos, un aterrador viaje al lado oscuro del ser humano, en el que, a pesar de no ser la violencia tan chacoteramente explicita como en la cinta de Spielberg, al terminar la proyeccion, uno se queda con la impresion de haber visto algo muchisimo mas cruel, sangriento y aterrador, y mas aterrador aun por ser un recuerdo vivido, dramatico, brutal, de hechos que verdaderamente sucedieron, y recreados en los mismos lugares donde acontecieron. Destaca como sobresaliente el trabajo y la direccion de los actores, en especial la actuacion de Alexei Kravchenko como el joven protagonista de la historia, y, por supuesto, del cuadro de actores que se encargaron de encarnar a los verdugos nazis, quienes consiguen con su actuacion representar a unos verdaderos monstruos, quienes apenas logran conservar un apice de su apariencia humana. Concluido el rodaje de la cinta, Elem Klimov sintió que, despues de esta impactante obra maestra ya no le quedaba nada que decir como cineasta, de acuerdo a sus propias palabras por lo que decidió alejarse de la direccion en ese mismo año de 1985. Murió en la ciudad de Moscú en el año de 2003.
Una obra ineludible.