Enitnedo perfectamente el afan mesianico de Scorsese por rescatar esta obra maestra. Al igual que sus mejores trabajos, es una pelicula
tremendamente cuidada pero con un destello de anarquía, es una película técnica pero increiblemente artística y llena de vida dentro de su misma rigidez. Una obra sobre el proceso artístico, el negocio y el arte (Scorsese es la epitome de esta tan discutida dicotomia), ya que detras de una obra grandilocuente hay un trabajo humano inmenso, hay sacrificios por parte de todos los involucrados, decisiones de dimensiones existenciales que deben ser tomadas. “La mujer” o “La bailarina”, “El hombre” o “El artista”, temas que ya estan mas sobados y vistos que tetas de puta , toman una nueva dimensión y perspectiva.
A pesar de la venida que uno se pone con esta bellisima secuencia, las actuaciones no son llevadas de una manera tan satisfactoria, sobresaliendo la gelidez y el deseo dolorosamente reprimido que transmite Anton Walbrook (Boris Lermontov, personaje otrorora mamon y pedante, figura que genera controversia, tan amado como odiado, dicotomia que Walbrook entiende perfectamente). Moira Shearer destaca por su increible habilidad para bailar y Marius Goring (su amante) solo desprende emocion cuando esta al frente de la orquesta (y eso nomas por que se despeina). El resto del elenco, de manera muy somera, cumplen con su papel.