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El azar de los daños colaterales

By Rafael Paz on September 15, 2011

El azar conduce nuestras vidas, ayudado por una fuerza superior que no permite emanciparnos de nuestro destino. Es el mensaje que parece mandar Gerardo Naranjo (Voy a explotar, 2008) con su nueva película: Miss Bala (2011).

Laura Guerrero (Stephanie Sigman) es una joven de Tijuana –curiosamente fue filmada en Aguascalientes, ¿por qué habrá sido?– cuyo objetivo es ser Reina de Belleza de su estado, Baja California, junto con su mejor amiga. Después del día de pruebas para el concurso, la amiga de Laura es llevada a una fiesta, la protagonista decide seguirla y es ahí donde su vida comenzará a ser gobernada por el azar y la circunstancia.

Dice Gerardo Naranjo que “la película que yo quería contar comparte el punto de vista de los ciudadanos comunes, explica cómo sin tener ninguna experiencia en la violencia ven su vida sofocada a través del crimen, que desgaja a la familia”.

Es notorio el intento del director y coguionista por no tomar partido. Éste no es un filme sobre narcotraficantes o sobre el gobierno combatiendo criminales, es la historia de Laura, quien, como la mayoría de los ciudadanos mexicanos se ve inmerso en la violencia más por casualidad que por intención.

Al despojar al guión de personajes maniqueos, lo que nos queda como espectadores son las áreas grises, las trincheras de la vida. Naranjo deja atrás mucho del estilo pretensioso que caracterizó a sus dos anteriores realizaciones: Drama/Mex (2006) y Voy a explotar –sobre todo la segunda–, para mostrarse como un cineasta maduro que sabe qué quiere exactamente de la cámara y de sus personajes.

El personaje de Laura, a pesar de tener libre albedrío, todas sus decisiones son controladas por el azar. Por azar entra a un baño y evita ser asesinada y por azar da con un judicial que la entrega a los narcotraficantes para comenzar un viaje de violencia. Por si no fuera suficiente lo aleatorio de su destino, ahí está Lino (Noé Hernández), quien se encarga de recordarle a Laura que lo suyo no es emanciparse, sino resignarse.

Lino funciona para el guión como una especie de deus ex machina sin llegar al nivel de los dioses en las tragedias griegas, pero será la presencia que “castigue” a Laura por tratar de escapar de su destino.

La idea del azar se ve reforzada por la breve pero sustanciosa aparición de Irene Azuela como Jessica Berlanga, quien es otra de las participantes del concurso de belleza. Jessica se prepara para ser reina de belleza, pero el destino de Laura se entromete en sus deseos, de nuevo el azar entrometiéndose en nuestras aspiraciones.

Hacía el final, Naranjo y el otro guionista, Mauricio Katz, se guardan varios giros de tuerca que, si bien siguen la lógica de la película, se sienten un poco sobrados, pero antes de que arranquen los créditos hay un dejo de esperanza.

A fin de cuentas, todos somos daños colaterales del azar de nuestra existencia.