Si el cine de Claire Denis se distingue del resto por tener una fuerza sobrehumana que parece desprenderse de cada fotograma, “Beau Travail” es el pico máximo de ese poder. Utilizando tanto el espacio (en este caso, el desierto del Africa, tan caluroso como indomable) como el resto de los elementos a los que tiene acceso, la pelicula se construye en torno a un grupo de soldados que se encuentran varados, entrenando, esperando, quizas, un combate, una acción que nunca llega. Esa pasividad da lugar a comportamientos extraños dentro de ellos, sobre todo entre el capitán del equipo y uno de sus súbditos, un soldado que parece ser mejor que él. Tomando esta historia como punto de partida, Denis configura un relato lleno de furia encerrada, de rencores que poco a poco se van manifestando, de orgullo hecho de puro gestos. La masculinidad puesta al desnudo, enfrentándose, violentándose en un entorno inhóspito, vacío, enrarecido.
Es interesante la forma en la que Claire Denis observa a estos soldados, como filma sus entrenamientos: todo parece estar equilibrado por la danza; esta aparece en algunos momentos, primero como cuentagotas, mezclandose con la violenta motricidad de los soldados, que transipiran, que sangran, que mueven cada uno de sus músculos como si se esturviera generado un extraño ballet de sangre y fuerza.
Eso es justamente el cine de Claire Denis: fuerza, músculos en movimiento, el cuerpo humano en prendido fuego. Sensación mas que pensamiento. Cuerpo mas que alma. Fisica mas que quimica. Músculo, puro músculo.