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Our Lady of the Assassins
Basada en la novela homónima de Fernando Vallejo, esta cinta narra la historia de un maduro escritor homosexual (por supuesto, un alter-ego del propio Vallejo, conocido no solo por sus libros y su afición a generar la controversia, sino por ser un puto declarado) quién, desencantado de la vida y del genero humano, tras treinta años de ausencia regresa a Medellín, su ciudad natal en Colombia, donde conoce a Alexis, un adolescente de 17 años (el cual comparte con el escritor su gusto por la carne de burro) quién además de ejercer esporadicamente la prostitución, presta sus servicios como asesino a sueldo a uno de los carteles del narcotráfico de su localidad; el misantropo escritor decide dejar de lado momentaneamente sus inclinaciones suicidas para iniciar un torrido romance con el joven sicario, lo que le hará sumergirse, paulatinamente, en un submundo pletórico de muerte y violencia. Rodado en formato digital en el año 2000, este trabajo del desigual realizador Barbet Schroeder, no tardó en convertirse en objeto de acalorada polémica (sobre todo en Colombia, como era de esperarse) debido a la poco halagadora visión que tanto el libro como la película manejan del país latinoamericano. En este sentido, el film se quiere una reflexión critica acerca de la violencia urbana, la descomposición social, la deshumanización y la perdida de valores en el contexto de la Medellín inmediata a la muerte de Pablo Escobar Gaviría de principios de los noventa. Sin embargo, el planteamiento no consigue ser del todo efectivo. Por un lado, son bien conocidos los prejuiciosos clichés manejados por algunos cineastas europeos en su percepción de los llamados países del "tercer" mundo. Por el otro, la tarantinesca ambigüedad moral por la que transitan los personajes principales ( Fernando, el protagonista de la película, progresivamente se irá volviendo cada vez más indiferente a medida que apilan los cadaveres a su alrededor) y la exagerada (y fácil) sucesión de situaciones y escenas violentas, le confieren al asunto tanto el sabor del inicio de un capitulo cualquiera de CSI : Miami, como de dosis masivas de humor involuntario. Incentivado por el material original, Barbet Schroeder se da vuelo pintando a Colombia como un lugar sucio, violento, hostil y desagradable, en donde las armas salen a relucir a todo momento y la gente muere a la menor provocación, y, claro, para completar la ecuación, no se puede olvidar mencionar la cuestionable y peculiar posición ideológica del propio Vallejo, quién además de no cansarse de mal hablar de su país ni de calificar una y otra vez a sus propios paisanos de imbéciles, la teoría que parece manejar tanto en el libro como en la película (en la cual fungió como guionista) es la de que los jovenes en Colombia, o son sicarios, o son maricones. Bien dijo el sabio: "El león (y el putón) creen que todos son de su misma condición."