Cine magnífico, interesante, increíble.
En el Mánchester de los 70, el atormentado músico Ian Curtis está a punto de alcanzar fama y fortuna internacionales como cantante de Joy Division. Esposo y padre, Curtis empieza a sentir la creciente presión del éxito, de su matrimonio en ruinas con Deborah y del empeoramiento de su epilepsia.
Un retrato impecable de Joy Division por Anton Corbijn, que fotografió a la banda post-punk en su apogeo. Rememorando la monocromía minimalista de la fotografía de Corbijn, este temperamental relato de una estrella condenada al fracaso cuenta con una gran e inesperada interpretación de Sam Riley.