Cine magnífico, interesante, increíble.
En Nueva York, las modelos hacen malabares con las exigencias de distintos trabajos: anuncios, desfiles y sesiones para marcas de lujo. Trabajando junto a fotógrafos y directivos de agencias, se esfuerzan por salir adelante en una industria muy exigente donde el arte y el comercio chocan.
Tras la brillante apariencia de la publicidad comercial, Frederick Wiseman examina con sensibilidad una profesión codiciada pero mal entendida. Esta máquina de glamour refleja los ansiosos deseos del público, convirtiendo lo cotidiano en fantasías desmesuradas, al igual que el cine.