
Surgido de la misma contracultura de los 70 que vio nacer a Pedro Almodóvar (¡quien aquí hace doblaje!), este terror de culto lisérgico y anárquico rebosa autorreflexión. Siempre dispuesto a provocar, Iván Zulueta inyecta sus obsesiones—la heroína y el cine—en imágenes crudas e inmediatas.